El encuentro con Alejandro Sánchez y Rafa Vinander, dos jóvenes diseñadores, fue muy especial. El salón de actos estuvo lleno de expectación por recibir estos dos anteriormente estudiantes de la EASD en Diseño de Producto, que ahora están aprovechando sus oportunidades en el extranjero. Así, Alejandro Sánchez explicó a sus antiguos profesores y, alumnos actuales, cómo fue su experiencia en al escuela y el salto hacia la vida profesional que ahora ejerce desde Eindhoven en Holanda. Para él, “el viaje” fue muy importante ya en el momento de graduarse de la Escuela y no tener miedo a la sorpresa: dos conceptos que uno debe buscar y transmitir en el diseño.
- Alejandro Sánchez, te doy la bienvenida al Observatorio de Diseño y Arquitectura.
Antes de reflexionar sobre tu trabajo y tu forma de trabajar, veo que “has vuelto a casa”. Estudiaste aquí en la Escuela arte y Superior de Diseño de Murcia hace unos años (2006).
¿Qué memorias llevas contigo de estos años? ¿Cómo fue la experiencia?
Muy buenas, muy buenas. Muy buena porque, es lo que tiene la ignorancia, no te das cuenta de todos los problemas o todas las complicaciones que van a venir después, o de lo difícil que puede volverse todo.
La verdad es que mi temporada allí fue bastante libre, bastante buena.
- ¿Recuerdas algo en especial?
No, recuerdo que en aquella época era bastante alocado en el sentido de que se tomaba todo a cachondeo igual que luego cuando hacías tu proyecto, sí te interesaba y querías sacarlo bien. Fueron buenos años, la verdad.
Fue un buen comienzo, fue estupendo comenzar aquí porque luego todo empieza a volverse más serio y según donde te diriges pues encuentras una cosa u otra. Hay algunas cosas en la escuela que podrían cambiarse pero para empezar los estudios de diseño, como comienzo es un buen sitio.
- Ahora que tienes una vida profesional, tu propio estudio. ¿El salto hacia esta vida profesional fue directo o hiciste una escala en otro lugar para formarte más?
Yo cuando acabe aquí, de hecho aún no había acabado, estuve en mi año de proyecto final de aquí, me fui a estudiar un máster a Milán, a la Escuela Politécnica de diseño industrial y me hice un año entero en Milán.
El mundo es grandísimo, A lo mejor empiezas con tu pequeño mundo y terminas aquí y entonces tienes dos opciones: buscas trabajo o te vas fuera. Yo veía que el mundo tenía muchísimo más que ofrecerme y habían muchas más posibilidades y mucho más que ver y no quería trabajar todavía. El caso es que nos fuimos a Milán; de hecho me fui con Rafa, y tuvimos allí un año donde aprendimos un poco más, ya nos metimos un poco más seriamente: cómo funciona todo lo que es el tema del diseño tanto la parte creativa como la parte de empresa, la parte de relaciones públicas, de comunicación, de cómo funcionan las ferias, cómo montar exhibiciones, cómo funciona un poco el mundo este del diseño a alto nivel.
- Para llegar al mercado. Es decir, ¿el diseño desde el primer momento de creación hasta estar en las tiendas?
Sí, el caso es que incluso estando en Milán, simplemente con vivir allí, vivir la semana del diseño, ya te das cuenta de muchas cosas y empiezas a entender cómo funciona todo.
Para mí, no te enseña tanto estar en una clase como las propias vivencias personales que puedas tener. Yo he aprendido mucho más de mi experiencia personal relacionada con el diseño o, porque yo las he buscado por una curiosidad que vas entrenando. Yo digo que la curiosidad es un músculo que tienes que ir entrenando y cuanto más profundizas en este tema más quieres saber y más puertas se abren y digamos que los límites se van ampliando.
Luego fui primero a Francia e hice un workshop en verano con Richard Hutten que es uno de los fundadores de Droog Design en Holanda. Uno de los primeros que empezó a pegar muy fuerte y con él fue un punto de inflexión importante después de Milán. Y ahí es donde empecé a entender que toda la educación que me habían dado, tanto en esta escuela como en Milán en el diseño industrial. Él llegó y dijo:”Mira tío lo único que importa aquí es disfrutar. Si no eres capaz de disfrutar con lo que estás haciendo, no eres capaz de liberarte de presiones, de limitaciones. No eres capaz de jugar, de experimentar, de equivocarte sin tener miedo, nunca te va a salir nada que merezca la pena”. Y ahí fue donde empecé a entender que debía perder el miedo.
Cuando vine a Murcia estuve trabajando en un estudio de infografía con el cual llegué a un nivel altísimo trabajando con el ordenador y después con otra compañía pero yo ya tenía el virus metido dentro de “hazlo tú mismo”, de “no te pongas limitaciones” porque veía que con el ordenador, aparte de que no quería pasarme la vida entera detrás de un ordenador, veía en el ordenador muchísimas limitaciones. Veía que era muy frío; partes de una idea y luego lo haces en el ordenador y punto. No hay un proceso.
Fui a Holanda por esa razón, para decir “necesito aprender todas estas técnicas de producción, toda esta experimentación y primero aprender las técnicas artesanales de trabajar con los materiales para luego ser capaz de reinterpretarlos a mi manera o, crear nuevas técnicas o, crear nuevos materiales”.
- Cuando estuviste en Holanda fuiste a Eindhoven con Nacho Carbonell.
Sigo con él de hecho.
- Su forma de trabajar es muy especial; en una iglesia.
Sí, sí, trabajamos en una iglesia y ha sido un poco el refugio, el santuario. Llegué a Holanda y no conocía a nadie. Tuve la suerte de conocer a Nacho. Tuve la suerte de entrar en la iglesia, en la comunidad de la iglesia, que es realmente el refugio. Yo vengo de aquí de Murcia. Sabemos cómo es la vida aquí: el tiempo, la comida, todas las pequeñas cosas importantes. Vas allí y es totalmente lo contrario. Entonces es importante adaptarse; la capacidad de adaptación tiene mucho que ver con el diseño, la capacidad de adaptarte ante nuevos problemas, o ante nuevas formas de vida o nuevas formas de usar las cosas, nuevas costumbres…
En la iglesia encontré a Nacho. Estuve haciendo un año de prácticas con él, y ahora llevo otro año trabajando con él. Éste es mi segundo año y estamos muy contentos, la verdad es que nos va muy bien. A él le va súper bien y yo estoy al lado suyo. Ahora soy el jefe de taller o algo así.
Somos un equipo. En realidad todo el mundo hace un poco de todo, pero digamos que soy el que más tiempo está con él y, nada, libertad total para que se te vaya la cabeza.
- ¿Qué proceso tiene cada proyecto? ¿Tenéis un encargo o hacéis un proyecto para museo o para exposiciones? ¿Cómo arrancáis un proyecto?
Puede ser comisionado: te encargan hacer una colección o hacer una pieza o puede ser que la idea nace de ti y eres tú el que te auto-comisionas, te auto-produces y eres tú el que hace la inversión.
- ¿Qué estáis haciendo ahora?
Pues, ahora acabamos de terminar con la colección de Milán. La acabamos de exponer la semana pasada y eso ha sido lo último que hecho. Ha sido una locura porque hemos hecho dieciocho piezas en siete semanas.
- ¿Qué tipo de piezas son?
Pues esta colección última se llama “Diversity” y son todas la misma pieza formalmente. Todas tienen el mismo esqueleto, como el ser humano, la raza humana. Todos tenemos el mismo esqueleto pero luego por fuera todos somos distintos, tenemos distinta personalidad. Las sillas estas tienes todas el mismo esqueleto, digamos que es un pupitre. Es una silla conectada a una mesa y esta mesa tiene como una especie de cueva. Son “working units”, como unidades de trabajo, un pupitre, y hemos hecho dieciocho piezas iguales. Cada una terminada y hecha con un material distinto: Hemos trabajado en acero, hemos trabajado en papel, hemos trabajado en cemento, hemos trabajado en resinas, en plásticos, en maderas… Hemos trabajado mucho. Estos dos últimos meses han sido duros.
- ¿Y tu propio estudio?
Mi propio estudio es secundario. Empecé este año. También llevo un par de años presentando en la semana holandesa de diseño y van saliendo cosillas poco a poco, pero claro, todavía mi prioridad, ahora que estoy dentro del equipo de Nacho, es seguir con él. Intento convalidar las dos cosas. Mi estudio va muy lento pero van saliendo cosillas y esperemos que poco a poco pueda ir cada vez siendo más independiente de él, aunque me encuentro bastante bien ahí. Veremos a ver lo que pasa.
- ¿No tienes prisa?
Exactamente, no tengo prisa. Lo estoy haciendo poco a poco y ya está.
- Ahora que vas a dar una conferencia en tu propia escuela, ¿Qué consejos tienes para ellos?
Pues, yo quiero meterles el ansia, el fuego. Quiero intentar despertarlos de alguna manera. De hacerles ver que hay otras maneras. No estoy criticando nada, el diseño tiene muchísimas direcciones. Todas son distintas y ninguna es mejor que otra pero, yo quiero realmente meterles algo aquí, “Coño a ver si…” Intentar sacarlos un poco del “A, B, C, Escuela, busca trabajo, Estoy en la compañía…” Eso, intentar romperles un poco la normalidad.
Texto: Halldóra Arnardóttir, Doctora en Historia de Arte. Descargar la entrevista en formato (45 KB)