Este segundo encuentro Buenas referencias nos ha dado la oportunidad de escuchar las reflexiones de los diseñadores Alberto Liévore, Gabriele Schiavon y Gerard Sanmartí. Son dos generaciones que comparten la experiencia de vivir en Barcelona pero con un pie en Italia debido a la producción de sus diseños.
Aunque Gabriele y Gerard afirman que “no tienen muchos maestros”, han encontrado afiliaciones con el espíritu de Alberto Liévore quien, desde su estudio, nos dice: “Hemos proyectado en muchísimos y diversos temas, pero ningún objeto expresa mejor los valores de un sujeto que los que componen su entorno más íntimo. La elección de los mismos la realiza inocente e inconscientemente al amparo de todo condicionamiento o representación social. En esa intimidad se desnuda.”
Por ello, en ambos estudios, las mesas de trabajo son territorios de interacción donde las ideas fluyen para ser discutidas y negociadas antes de coger una forma precisa que represente aquel encuentro de los valores.
- Para situarnos en el contexto, sería interesante conocer vuestros orígenes como diseñadores: el por qué elegir el diseño como profesión, qué formación y los lugares de trabajo (Benetton-Treviso, Argentina)?
Alberto Liévore: Nací en Argentina de padres Italianos pero vivo en Barcelona, creo que tiene que haber, en alguna parte, un referente familiar, directo o indirecto. Pero básicamente, creo que es una actitud, la de modificar o rehacer o inventar las cosas, es propio de personas un poquito neuróticas, con algo de una sana insatisfacción y ante el estado de cosas, con voluntad de mejorarlas. Me imagino que debe ser esto. Aunque seguramente hay razones que yo desconozco.
Gerard Sanmartí: Supongo que como todos es el siguiente discurso de la tradición familiar. La mía es seguramente por los genes: por mi madre que es pintora y por mi padre que es arquitecto. Pues, yo, que estoy en el medio, soy el producto de los dos y me ha tocado el diseño.
Gabriele Schiavon: Yo vengo de Italia. Me hubiera gustado ser pintor, pero en esto del arte, nunca supe muy bien por dónde empezar. Diseño y arquitectura plantean problemas para resolver y funciones a las que uno debe dar respuestas. En alguna manera hay un punto de partida un poco más claro. Para mí fue todo mucho más fácil. Empecé a estudiar arquitectura en Venecia y a Gerard lo conocí en Italia hace ya más que 10 años. Al cabo de un tiempo decidí venir aquí a España, a Barcelona. Juntos empezamos esta aventura que es la de lagranja.
- Para hacer referencia al título de este encuentro: “Buenas referencias”, Gerard Sanmartí y Gabriele Schiavon, ¿por qué habéis elegido a Alberto Liévore para venir aquí con vosotros a Murcia, como vuestro maestro? ¿Qué os ha enseñado que admiráis tanto?
Gabriele Schiavon: Bueno, el primer motivo es porque no tenemos muchos maestros. Somos un poco huérfanos y entonces teníamos que buscarnos a alguien. Cuando nos habéis invitado la idea de traernos a alguien era un poco un problema. Hemos empezado a pensar y los pocos que igual…ya habían muerto, así que nos sentamos a la mesa mirando el panorama. Con Alberto hubo algún contacto antes, nos habíamos cruzado, intercambiado alguna palabra cariñosa pero en realidad no nos conocíamos mucho.
Hemos aprovechado esta ocasión para tomar un café y empezar a charlar. Evidentemente, el instinto nos ha llevado hacia donde creemos estar más cómodos. Según nuestra manera a ver las cosas, igual Alberto no está de acuerdo, pero hay algún tipo de afinidad. Hay muchos diseñadores artistas, artistas como estos del gesto y que con su fuerza divina plasman la materia, y otras personas, otros tipos de diseñadores que les gusta hablar con las empresas, hablar con los clientes y sentarse a la mesa a discutir y encontrar juntos un camino para el proyecto.
Bueno, creemos que Alberto hace esto, es una persona que sabe captar muy bien lo que tiene alrededor suyo y no se preocupa sólo por si mismo, sino a la hora de diseñar busca caminos posibles y no sólo dar voz a su interior, que evidentemente tiene una huella en su trabajo, pero no es el gesto del artista.
Nuestra manera de trabajar es también un poco ésta, nos sentamos a la mesa y tratamos de entender cuál es el problema, cuál es la inquietud, y juntos encontrar algún tipo de solución.
Gerard Sanmartí: Una de las partes claves el por qué Alberto nos interesa es sencillamente porque su diseño nos atrae. Es interesante lo que hace y, por lo tanto, hay que profundizar un poco más. La segunda parte es que es un tío simpatiquísimo, nos llevamos bien y hay un buen feeling. Esto es muy importante porque si tienes que convivir, o tratar, con un diseñador que hace piezas muy bonitas pero es un muermo y un aburrido sería difícil. Llevamos a Alberto a Murcia y lo pasaremos bien y seguro que aprenderemos cosas.
Alberto Liévore: Gracias, creo que tengo que venir más porque esto de la autoestima que me brindas se agradece.
A ver, ante todo, me parece que el hecho de estar aquí me parece un gesto muy cariñoso que alguien le interese lo que haces. Específicamente, con respecto a nuestro trabajo y a lo que hago, y sobre todo con la consciencia que tengo sobre mi trabajo en los últimos años, sé que lo que intentamos poner son valores a través del lenguaje formal, pero son valores. Y, si estos valores son como mensajes dentro de la botella, que lanzas al mar, y de pronto es recogido y comprendido, es una satisfacción que va mucho más allá que cualquier otro logro. Diseño es comunicación para mí, y esto es comunicación.
- Cuando hablas de los valores, la ética viene a mi mente. Habéis trabajado en Italia, la capital mundial del diseño. Allí el diseño tiene mucho poder, habla mucho de la comunicación y la ética, el compromiso. ¿Esto es algo que os identificáis, trabajando en los dos países, España y Italia?
Gabriele Schiavon: El tema de la ética es muy complejo, y en lagranja no hemos desarrollado todavía una teoría sobre la ética. Pero, creemos que es ético diseñar cosas para que duren muchos años. Al comprarlas la gente no tienen que tirarlas al cabo de un año porque ya se ven viejas o porque están mal hechas o porque ya al encontrártelas por allí te da casi respeto o te hace poner mala cara. Entonces, nosotros creemos que es ético hacer las cosas bien hechas para que puedan estar lo igual de bien hoy como dentro de diez años y que puedan sobrevivir a esta corrupción, que es el paso del tiempo.
Más temas éticos, no estoy tan seguro como para poder hablar. Nosotros siempre decimos cuando nos piden algo que no tenemos una teoría previa al proyecto. Más bien, las teorías vienen haciendo las cosas, aprendemos haciendo y la teoría siempre va de la mano de la práctica. Hasta ahora, el tema ético ha sido siempre tratando de dar un sentido a las cosas que hacemos.
- ¿Notáis una diferencia entre los dos países en relación de la percepción del “objeto” o qué significa el “objeto”? El objeto tiene un papel, forma parte de un amplio conjunto del entorno. Dentro de este contexto, ¿cómo entendéis el diseño? ¿Es una experiencia?
Alberto Liévore: Lo que se percibe es, fíjate la palabra “bello”, en el lenguaje coloquial italiano debe ser una de la más que aparece cotidianamente. Desde el Renacimiento hay un cultura visual difícilmente asumida por toda la cultura del pueblo aún más que la italiana. Es decir, existe esta cultura sin saber que la tiene. Esta preocupación del lenguaje estético, esta decodificación de todo, existe ya en el pueblo italiano. Ha hecho que su visión del mundo, que cierto punto de vista podría aparecer algo superficial, sin embargo, en su contexto la superficie es el problema del fondo, valga la paradoja.
Italia es esto, pero luego relacionándolo con tu pregunta, diría que hoy hablar de nacionalismos, o de costumbres, con respecto al diseño creo que está bastante pasado, bastante de-mitificado. Es decir, de dónde es una cosa, es muy difícil de designarla. Yo nací en la otra punta del globo, proyecto desde Barcelona, lo que se realiza en otros países. Creo que sí tiene una mayor importancia es el lugar donde se produce. Porque no hay que olvidar que somos además un instrumento de la industria. Y la industria italiana es la que más sensibilidad tiene en el uso de esta disciplina, sin ninguna duda.
Gerard Sanmartí: Probablemente, que has estado comentando sobre la cultura y tradición Italiana, la importancia de la palabra “bello” que se respira en todos los pueblos italianos y la industria italiana, que es la más sensibilizada y es el motor que todo esto esté funcionando. Italia sigue siendo un referente aglutinante. Es decir, aglutina todo lo que es diseño mundial. Allí no hay fronteras, y todos los diseñadores interesantes diseñan para firmas italianas y esto no es una casualidad sino es un fruto de un largo periodo histórico.
Gabriele Schiavon: Ha hecho una referencia muy clara: el diseño industrial. Y, es aquí donde la industria menos sensibilidad tiene, para conectar con el discurso de Alberto, es difícil encontrar empresarios y empresas con ganas de arriesgar. A veces, puedes decir sensibilidad para entender propuestas. Otras veces tienes ganas de arriesgarte en la empresa industrial.
El sentido de hacer cosas bien, ahí quizás sea lo que más se arriesga.
Gerard Sanmartí: No tener miedo de equivocarse, no tener miedo de no vender, no tener miedo de no encontrar nuevas vías. Ha sido una referencia, un ir por delante.
Alberto Liévore: Volviendo a su cultura, hay tantas anécdotas que explican esta importancia para los Italianos el código visual, formal. Un día aparece el señor Giovanni Agnelli en televisión con su reloj sobre el puño de la camisa y el día siguiente toda Italia utilizaba el reloj encima de la camisa. Esto es muy común en el pueblo italiano. Están muy atentos los unos de los otros. Repito, es el código visual que define dónde estás.
Gabriele Schiavon: No hablamos demasiado bien de Italia. Hay dos Italias: de borregos y de innovación, son dos caras de Italia.
Alberto Liévore: Sí, es un poco cómico, sobre todo cuando exageran.
- Vosotros vivís en Barcelona, ¿cómo es el panorama de la industria allí?
Alberto Liévore: Completamente inverso.
Gerard Sanmartí: En lo que Gabriele insiste mucho, y es cierto, es que no hay muchos empresarios jóvenes. No hay. Es una reflexión hecha por él, de una persona que viene de fuera y tiene una perspectiva mucho más objetiva de la realidad.
Gabriele Schiavon: Sí, en nuestra generación no hay empresarios.
Alberto Liévore: Yo creo que Barcelona ha sido mal entendida. Creo que se ha creado una fama respecto de esto, en mi opinión bastante infundada. Hablo sinceramente. Lo que sí he verificado en Barcelona, es que su gente es muy moderna y muy al día. Dicho de otra manera, Barcelona ha sido siempre la primera en consumir lo último. De hecho, no se conoce una remodelación hostelera semejante en ninguna ciudad del mundo comparable a la de Barcelona. Ésta es la imagen de Barcelona. Por ejemplo, los Italianos alucinaban en la época de “las plazas duras” (del reinado de Bohigas), se quedaban pasmados de como se podía intervenir tanto en una ciudad, cuando en Italia no se podía mover un árbol sin pasar 20 años de burocracia.
En este sentido, Barcelona es muy “moderna” y se ha creado esta imagen, pero en realidad no existe una industria.
Gerard Sanmartí: Barcelona es una postal moderna. Es una ciudad que quiere proyectar como muy bonita, como muy guapa. Está muy de moda y muy al día, pero con un vacío interior en parte. No estoy muy de acuerdo cuando dices que la gente en Barcelona es muy moderna, no estoy tan seguro.
Alberto Liévore: De consumismo, sí.
Gerard Sanmartí: Hay valores de espontaneidad de lo que se ha hecho siempre, es la gracia en la creatividad, hacer lo que uno quiere. Esto, en Barcelona se está perdiendo, la espontaneidad. Está todo mucho más regulado, y controlado para mantener un orden estético controlado. Y, esto es uno de las cosas que realmente Barcelona se está equivocando un poco. En amarrar demasiado esta estética que tendría ser un poco más descabellada.
Gabriele Schiavon: Por otro lado, esta ansiedad de atraer turismo la hace una caricatura, o una postal, de sí misma.
- Pero por otro lado hay muchísimos diseñadores en Barcelona.
Gerard Sanmartí: Sí, pero sin trabajo. Hay muchísimo diseñadores en Barcelona porque es una ciudad de diseño.
- ¿Creéis que el panorama ha cambiado, que la gente está trabajando en grupos más que individualmente? ¿Lo veis como una evolución de la sociedad o un tema de supervivencia?
Alberto Liévore: Es imprescindible. Realmente pensar que un solo individuo puede asumir y procesar la inmensa complejidad que nuestra disciplina conlleva, es un acto de un narcisismo o una ingenuidad muy grande. Es decir, hoy día el diseño no es una disciplina específica, es un conjunto de disciplinas que interactúan entre sí. Desde luego que un individuo puede llevar adelante un proceso, de acuerdo. Ahora, la riqueza y la profundidad que puede tener eso, frente a un debate o un equipo, creo que se nota mucho en los resultados.
Gabriele Schiavon: Nosotros creemos que justo el hecho de trabajar en equipo nos ahorra proyectos muy auto-referenciales y proyectos que se auto- alimentan. Hay diálogo. Somos dos socios pero hay mucha gente por el estudio y siempre en los proyectos se habla mucho. Nos ahorra hacer cosa gratuitas. Compartir la información y estar de acuerdo unos cuantos sobre un proyecto, les quita un poco auto-celebración.
Gerard Sanmartí: Al final lo que hacemos es un servicio donde el producto es lo más importante y el cliente es lo más importante. Priorizamos esto ante nuestro ego. Creo que es el denominador común. Trabajamos en equipo, en grupo, en beneficio siempre del producto en si.
Alberto Liévore: Aconsejamos siempre no gastar energía en algo que surge solo como la propia subjetividad. Creo que aún queriendo copiar o imitar algo, se ve el plumero del que lo ha hecho. Puesto que es así, “lo personal” de alguna manera se cuela siempre. Ya que es así, ¿por qué no dejar de lado la expresión personal? Ya que saldrá naturalmente, ocupémonos realmente de los objetivos.
Hay un hecho muy cierto: cuando la idea, o un proceso, desarrolla un circuito muy corto, genera cortocircuitos. Es pobre. Nosotros creemos que las palabras no sólo son palabras, son ideas. Y, el diálogo surge y motiva ideas nuevas. Para nosotros del diálogo es de donde surge el proyecto, es casi literatura, antes de ser materia.
Texto: Halldóra Arnardóttir, Doctora en Historia del Arte